The Happy Losers es un grupo especial. Las claves de su música son, a grandes rasgos, comunes a las de otras muchas formaciones. Como tantos otros grupos, los madrileños beben de fuentes fácilmente reconocibles y felizmente habituales en el pop nacional e internacional: no son precisamente los únicos en haberse dejado deslumbrar por los Zombies, los Hollies, los Beach Boys o los Byrds, ni tampoco resultan originales al reconocer en los Beatles al mejor grupo de la historia del pop.
Sin embargo, no todos los teóricos alumnos de semejantes luminarias son capaces de responder con cierto rigor al reto de asumir esa influencia manteniendo a la vez la suficiente personalidad y, contando, sobre todo, con el talento necesario para escribir y grabar canciones que se sustenten por sà solas, al margen de parecerse más o menos a tal o cual grupo.
Happy Losers andan sobrados de ambas cosas, de personalidad y de talento. Personalidad porque cualquiera que los haya escuchado alguna vez los reconocerá al atender a sus nuevas canciones. El autĂ©ntico esmero en el tratamiento de las armonĂas vocales –terreno en el que se muestran insuperables-, la aparente sencillez de sus canciones, la brillantez y el tino de sus arreglos son ya marca de la casa. Talento porque, sencillamente, pocos grupos como ellos son capaces de atesorar tal cantidad de buenas canciones en un disco.




